Estaba sentado frente al escritorio que la santa inquisición académica le había asignado. Esa sagrada institución poseedora del patrimonio humano, electa por el dios de la sabiduría, como representante en la tierra de una verdad completamente subjetiva. Lugar donde se sientan los reyes del saber, los príncipes del conocimiento. Seres que de acuerdo con ellos nunca se equivocan. Tosía levemente. En los últimos días había estado muy cansado. Había tanto trabajo y al menos para él, le parecía que entre más viejo era, el tiempo se iba con mayor rapidez. La velocidad de la vida muchas veces lo orillaba a no querer dormir. Deseaba aprovechar cada segundo que por azares del destino, o voluntad divina, había conseguido dentro de esta absurda experiencia humana. Sus ojos leían atentamente el libro que hace solamente dos días, le había llegado como desk copy para su lectura personal. --- ¡Pocho! --- ¿Qué quieres que haga? --- ¡Que no seas pocho, que hables español decentemente! --- Go to hell! Elevaba los ojos cada cinco segundos y se rascaba la cabeza casi con desesperación. De cuando en cuando llegaban algunos de sus colegas y le platicaban cualquier pendejada que él atendía con mucho gusto, claro, con la mirada puesta en lo vano que puede ser la vida. Muchas veces no escuchaba, cerraba sus oídos mientras las palabras de sus compañeros sonaban a metralleta disparada en la guerra de Irak. Lograba curiosamente perderse entre las palabras y su propio pensamiento. Acudía a la mentalidad del Tao, hacer lo menos posible para lograr no tener preocupaciones. Se le antojó un cigarro. Revisó sus bolsillos para ver si todavía tenía el paquete que había comprado la noche anterior cuando se había detenido a beber unas copas en ese bar de mala muerte que tanto le gustaba. Sintió un gran alivio cuando sus manos sintieron el paquete de cigarros. Eran Malboro Lights, como los que le gustaban a su amigo. En ese preciso momento pensó en el daño que él mismo se estaba produciendo. --- Dios me libre, por eso no voy a ver al doctor. Estaba rodeado de libros, papeles, engrapadoras, discos de computadora, lápices, aerosoles para limpiar la pantalla de su computadora; su escritorio era una verdadera selva, ni él mismo sabía que había frente a él. Sin embargo, se le antojaba verse importante. Cuando sus estudiantes llegaban, todos volteaban a ver su cubículo moderno, las fotografías de su familia, sus amigos, sus diplomas, los recuerdos que había comprado en el otro lado del mundo; era un espacio personal en medio de un castillo donde muchas veces se sentía atrapado. Aquel día, las palabras que estaba leyendo lo habían conmovido. Eran los testimonios de los sobrevivientes del Holocausto. Personas que realmente habían sufrido mientras que él se quejaba que sus compañeros hispanos no podían unirse para tener un frente unido. Tan sólo el imaginar que alguien pudiera entrar en su casa y separarlo de su hija sin él poder hacer nada, era algo que no podía comprender. --- Imagínate durante la época de la esclavitud. Que fueras con tu mujer y tus hijos, y que de repente te quitaran a tus retoños, así nada más, con esa estúpida prepotencia que todavía no logran borrar. Y lo pero de todo, no poder hacer nada. --- Es el odio humano compadre. Lo que destruye a la humanidad no son ideologías, ni religiones, ni propuestas distintas. Si lo vemos todo como es, es simplemente el pinche odio humano. No importa de donde venga, de la derecha, de la izquierda, del este, del oeste, de los religiosos, de los ateos, los humanos nos odiamos con todo el corazón, y yo no logro entender por qué. --- Es que todos somos muy egoístas compadre. Imagínese nada más, vivimos sin pedirlo, sin entender el significado de la vida; un día descubrimos que en la torre, estamos vivos. Cuántos de nosotros no le hemos dicho a nuestros padres, yo no pedí nacer. Y si las cosas no salen bien, como sucede por regla general, pues no amargamos y nos hundimos en una aberración al mundo, a la vida, al único regalo que realmente poseemos. Imágenes de sufrimiento vinieron a su mente. Seres humanos cuya vida fue destruida por los intereses de otra nación. Niños que fueron masacrados por vanas ideología religiosas. Mujeres violadas por el fantasma de la guerra, cuyo grito no fue escuchado por sus vecinos. Hombres que fueron acribillados a balazos por las miradas condescendientes de seres que dicen entender que muchas veces hay que sacrificar a la gente. Es el odio, simplemente el maldito odio humano. ¿Por qué nos odiamos tanto? ¿Por qué no podemos permitir que el otro viva tranquilamente? ¿Por qué debemos de inmiscuirnos en los asuntos de los demás? ¿Por qué debemos traicionarnos unos a otros? ¿Por qué necesitamos demoler al prójimo? ¿Por qué discriminamos los unos de los otros? ¿Por qué nos enojamos al grado de escupir de nuestros propios labios las caricias de un insulto? --- ¿Por qué? ¿Por qué somos seres humanos? |
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