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Mayo 18, 2012,
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Marcelino Angulo
TOMAS EN EL PAIS DE LOS PEREZOSOS


“En cierta lejana nación había un pueblo de perezosos, cuyos habitantes se pasaban la vida excavando la tierra en busca de tesoros. Era lo único que querían hacer; pero a pesar que durante muchísimos años cavaron y cavaron, nunca hallaron nada. Por esa razón todos andaban siempre tristes y el rey se había vuelto muy sentimental y rezongón.
Cierta vez llegó a ese país un joven alegre y contento, que caminaba dando saltitos y silbaba una bella canción. Los cavadores le aconsejaron que dejara de silbar, porque el rey, que siempre estaba enojado, podía condenarlo a muerte.
El joven rió y pidió que lo llevaran ante la presencia del rey. Los cavadores interrumpieron su tarea y, asustados y sorprendidos, lo condujeron al palacio real. En el camino le preguntaron:
- ¿Cómo te llamas?
- “Tomás”, respondió el joven.
- ¿Por qué silbas todo el tiempo?
- Porque me siento bien y estoy contento.
- ¿Por qué estás tan contento?
- Porque poseo mucho oro.
Al oír esto, sus acompañantes se regocijaron grandemente, y al llegar al palacio contaron todo al rey. El rey preguntó a Tomás:
- ¿Es verdad lo que dicen que posees mucho oro?
- Es verdad. Tengo siete bolsas repletas de oro.
El rey se entusiasmó, llamó a sus servidores y ordenó que le llevaran todo el oro. Pero Tomás sonrió y le dijo:
- No se apresure, Su Alteza. Hace falta mucho tiempo para que ese oro llegue hasta aquí. Se halla en una caverna, cuidado por un monstruo de siete cabezas. Sólo yo puedo sacarlo de allí. Déme todos sus hombres durante un año, y con la ayuda de ellos podré liberar el oro de las garras del monstruo.
El rey no tenía alternativa, e hizo lo que Tomás le había pedido: puso a su disposición a todos sus súbditos, a quienes ordenó que cumplieran las indicaciones del joven.
Tomás ordenó a la gente que fueran a buscar caballos y bueyes, que tomara azadones y arados y que trabajara todas las tierras fértiles del reino. Después de arar les ordenó que sembraran, y cuando llegó el tiempo de la cosecha, llenaron setenta carros con el trigo de la mejor calidad. Durante todo ese tiempo, el rey alertaba a Tomás una y otra vez:
- Si al cabo del año no me traes las siete bolsas repletas de oro, te mandaré matar...
Tomás le explicaba: - Necesito este trigo para tapar las bocas del monstruo- y seguía silbando y cantando alegres canciones.
Durante siete días anduvo Tomás a la cabeza de la caravana de los setenta carros cargados hasta el tope, hasta que llegaron a una gran ciudad ubicada en medio de un gran llano. Cuando los mercaderes de la ciudad vieron el trigo, pagaron por él mucho dinero: siete bolsas de oro.
Pasaron otros siete días y Oved regresó al palacio real. Al verlo, el rey le preguntó:
- ¿Has logrado vencer al monstruo?
Tomás rió y le respondió: - Si, Su Alteza, lo he logrado, porque el monstruo no es otro que la pereza de sus súbditos.
Cuando el rey oyó el relato de Tomás y vio las bolsas repletas de oro, exclamó asombrado:
- En verdad, el que labra su tierra se saciará de pan. Nosotros mismo podemos extraer anualmente de nuestra tierra siete bolsas de oro , y aún más que eso. Por favor, Tomás, quédate aquí y reina sobre mis súbditos. Bajo tu reinado aprenderán a trabajar y amar el esfuerzo.
Tomás se negó y agregó:
- En el mundo queda aún mucha gente que no conoce el secreto de la agricultura, y la bendición que ésta puede traerle. Debo enseñarles a arar y sembrar, debo revelarles el secreto del trigo dorado que se convierte en pan.
Y volvió a andar por los caminos, feliz y contento como siempre.
Preguntas

1) ¿Cuál era la riqueza de Tomás?
2) ¿En qué habían fallado los habitantes del reino? ¿Y en qué sus dirigentes?




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