Un cuento
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de una vida completamente absurda. --- Dios o no Dios, he ahí el dilema. --- Dios es solamente una historia llena de fuerza e ironía, que al final de cuentas significa absolutamente nada. --- No digas eso. Acuérdate de todo lo que Dios ha hecho por ti. De repente, Elena observaba la escena como un zombi revivido por el conjuro realizado por un Santero de la isla de Cuba; persona que cree que el mundo está compuesto por dos fuerzas que podemos verificar: el bien y el mal. La realidad humana está representada en dos potencias opuestas, que paradójicamente se complementan la una a la otra. El bien no puede existir sin el mal, y por supuesto, el mal no tiene derecho a coexistir sin el bien. ¿Cómo podemos conocer el bien, sin la existencia del mal? Elena había sido engañada ya tantas veces por sus amigos. No solamente hombres, sino también por muchas mujeres. Se burlaban de su supuesta inocencia, algo que a ella la hacía reír: --- No vale la pena, yo sé que está pasando realmente. Las miradas de juicio descendían sobre ella como rayos y centellas caídos del cielo en medio de una terrible tormenta, donde el común deseo de sobrevivir, gobernaba la mentalidad humana, pese a que los instintos humanos del cohabitar, podían chocar con el maldito orgullo beato, para deshacer cualquier intento de bondad, superación, o amor, existente en las mentes humanas. Ella gozaba como cualquier mujer de la atención masculina. Esa intensa necesidad de ser el centro de atención y estar rodeada de adulaciones y deseos masculinos. Mostraba sus pechos coquetamente ante un tonto varón, quién por más que lo deseara, no podía evitar el bajar su mirada, y deleitarse con el panorama de un busto joven, dispuesto a dar el alimento de la vida; él, simplemente se refugiaba en el estado estético de la vida; era simplemente una vida humana ya en principios de su propio ocaso. --- Si soy hombre y me acuesto con diez mujeres, soy todo un hombre. Pero si soy mujer y hago lo mismo, soy una cualquiera. ¡Valiosos valores humanos! Un lento respirar anunciaba muerte. El dar una nueva vida representaba el terminar con el aire que alimentaba sus deseos, sus locas pasiones, sus absurdos intentos de perderse en una noche de parranda, y lograr ... |
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