Un cuento
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La noche soplaba un fuerte viento que apagaba el cerillo de cualquiera que deseaba encender un cigarro. Las manos de ella temblaban cuando intentaba darse lumbre así misma. Siempre le había atraído el fuego. La belleza de un elemento capaz de destruir o purificar esa pieza clave que mueve a todo ser humano. Elena lo llamaba el ardor de la vida. A la distancia la oscuridad se antojaba tranquila, sin la menor inquietud que había sentido solamente hace unas cuantas horas, cuando aquel estudiante se paró en medio del plantel de aquella academia intelectual donde trabajaba, a principios de siglo, y empezó a gritar: --- ¡Jesús es el Señor! Yo les invito a que solamente le den una oportunidad al hijo de Dios. Yo les garantizo que su vida cambiará, y tendrán vida eterna. Jesús es Dios; él es el camino, la verdad y la vida. Nadie puede venir al padre si no es por medio de él. Tan sólo les pido que me escuchen por un momento. Ustedes no son felices, y todos sabemos lo difícil que es el vivir la vida. Por lo mismo los exhorto a recapacitar, a darle al Nazareno una ocasión para poder salvarlos. Todos los estudiantes escucharon la voz de alguien que estaba gritando. De todos los salones de clases, salieron individuos con la curiosidad común de lograr obtener carne de que hablar. Aún los mismos profesores saltaron para ver el ya muy conocido fenómeno, un cristiano gritando a garganta abierta, que su verdad es absoluta, que su interpretación de los dilemas humanos es la solución para el complejo problema humano. --- Sólo les pido que le den a Jesús una oportunidad, y verán lo que él puede hacer. Todo el mundo comentaba el peculiar evento. --- ¿Qué le pasa a ese cuate? --- Está gritando, nada más. --- ¿Qué mosco le picó? --- Este lugar ya es toda una universidad. En todas las universidades, siempre hay alguien que presenta ese discurso. --- ¿Qué está diciendo? --- Lo mismo de siempre. Por unos pequeños instantes, la realidad humana se vio unida ante la acción de un ser, que decidió gritar a garganta abierta sus creencias, sus ideales, sus más íntimos deseos para con la humanidad; esos absolutos pensamientos guardados en una tabula raza, creada por antiguas generaciones, o quizás, por contemporáneas interpretaciones ... |
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