PRESENCIA
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Fábregas. Irma Serrano, la nunca bien ponderada Tigresa, lo había comprado, y ofrecía cada noche un desnudo con clasificación: Sólo para Adultos. Yo iba bien emocionado. En aquella época mi padre traía patillas; eran largas, oscuras, casi se juntaban en su barbilla; lo hacían verse distinguido, al menos eso era lo que yo pensaba. Cuando ahora miro las fotos, se me antojan ser fotografías de un lejano antaño, una época que conocí por medio de libros; es algo así como ver pinturas plasmadas en murales nunca terminados; un tiempo que nunca pude respirar, o que quizás respiré sin darme cuenta. Además, a mi padre siempre le ha gustado vestirse bien. El me enseñó a combinar los colores, a comprar siempre lo último de la moda, a siempre verse bien, sin excusas ni pretextos. --- No hay que ser fresa---decía. Ya empezaba a perder el pelo, pero su rostro reflejaba a un hombre maduro, en pleno uso de sus facultades mentales. Mi madre iba sentada junto a él, mientras que yo ocupaba el asiento del pasajero. Vestía un hermoso vestido negro a la altura de la rodilla. De cuando en cuando mi padre le acariciaba la pierna y eso a mí me provocaba sexualmente. Los miraba enajenado e imaginaba que algún día tendría yo mi mujer y podría hacer lo mismo. Conocí por medio de ellos la música de un pasado que me hubiera gustado vivir. En la casa siempre se estaban tocando discos de 33 revoluciones. Así, aprendí apreciar la música clásica, los boleros, el danzón, el tango, la cumbia, el jazz, las rancheras, en fin. De repente, mi padre me llamó y nos escondimos en una esquina de aquel teatro donde la gente aparentaba ser lo que no era. --- Rodrigo, escúchame con mucho cuidado. Cuando yo cumplí quince años mi padre me dijo lo mismo que yo te voy a decir ahora. Tienes que aprender a respirar el tiempo. --- ¿Cómo papá? --- Que el aire no te controle a ti, sino que tú controles el aire de tu propio tiempo. ¿Me entiendes? Ya no eres un niño, ya eres todo un hombre y ves las cosas de otra manera. --- Creo que sí te entiendo papá. Mi padre sonrió con orgullo y ... |
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