Entre oraciones, cánticos religiosos, aplausos y con el grito de ¡bienvenidos!, un guatemalteco y un mexicano fueron los primeros inmigrantes en acogerse al Nuevo Movimiento Santuario, que inició ayer en cinco ciudades del país.
Bajo este esfuerzo, familias con órdenes de deportación en Los Ángeles, Chicago, Seattle, Nueva York y San Diego ingresaron a iglesias para buscar "refugio" y evitar ser deportados.
Juan, quien pidió que se omitiera su apellido, llegó a la Iglesia Nuestra Señora de Los Ángeles, “La Placita”, acompañado de su madre, Cristina y sus hijas Janeth, de 5 de años, y Michelle, de uno - quienes no permanecerán en el lugar religioso.
“Voy a dormir y a vivir [en la iglesia] hasta que se gané la lucha inmigrante o pasé lo que pase”, expresó Juan, de 37 años y quien emigró de Guatemala hace 15 años. “Decidí permanecer en una iglesia porque tengo orden de deportación desde hace tres años y tengo miedo de que me separen de mis hijas. He intentado solucionar mi caso con abogados y me han robado más de cinco mil dólares”.
“Me siento seguro aquí", prosiguió. "Dios es la luz que nos está guiando".
Ese mismo sentimiento de impotencia hizo que José Villada, de 44 años, aceptó refugiarse en una Iglesia cuando se lo propusieron activistas comunitarios.
“Al principio, mi familia no estuvo de acuerdo porque es la primera vez que nos separamos”, dijo Villada. “Hace un año me dieron la salida voluntaria pero yo nunca supe, el abogado no me lo dijo. Este año me llegó una carta de Inmigración que decía que no tenían récord de que había salido del país”.
Villeda, quien emigró a este país hace 17 años de su natal Guadalajara, México, dijo que la angustia de que agentes de la Oficina de Control de
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